Granada, del sueño a la realidad.

4:01 a. m. / Publicadas por Sergio Malo / comentarios (0)


El sol empieza a calentar en exceso el empedrado del camino, la vida interior de los patios se traslada al incesante movimiento de las calles, los vientos llevan olores desde los jardines del Generalife y Sierra Nevada hasta las casas árabes del Albaicín granadino, por el camino el pequeño Hassan descubre a cada paso nuevas sensaciones, sus sentidos se confunden con todos esos descubrimientos pero la grandeza de aquella fortaleza se distingue entre todos.

La cuesta de los chinos con sus pendientes pronunciadas y su piso empedrado empiezan a hacer mella en sus piernas pero la visión de la Alhambra, cada vez más majestuosa, le hace seguir haciendo caso omiso de las advertencias de su madre. Su vista se pierde entre las almenaras de las murallas, así como su imaginación que empieza a desconectar de la realidad que va dejando atrás cada vez que se acerca un poco más a su objetivo, se siente observado por decenas de ojos sin saber a ciencia cierta lo que aquellas paredes guardan, recorre el cauce de un riachuelo paralelo a los muros ayudándole en su esfuerzo el pensar que descubrirá su origen a los pies de las torres que guardan aquel lugar.

Su camino termina y la torre de Armas se alza delante de él, permitiéndole la entrada dejando atrás aquel guía que le acompañó en sentidos diferentes. Sin perder de vista aquella construcción que tanto lo impresiona, visita a sus familiares que trabajan en la medina acentuando cada vez más su curiosidad que no se ve distraída por el ruido de los zocos ni por la belleza de los palacios, Hassan quiere descubrir aquellas vistas que lo protegen desde lo más alto de la ciudad.

Cruzando la puerta del Vino, al otro lado de aquella explanada donde se reúnen todos los moradores de la medina llega a la Alcazaba. Al entrar, sus ojos observan a su alrededor una nueva ciudad, donde descansan los guardianes de la ciudadela, pero su vista se detiene en las mazmorras donde sus misterios le sobrecogen y alimentan su interés. Una nueva visión le deja perplejo, ante él la torre de la Vela, el observatorio privilegiado de Granada, desde donde poder contemplar la magnitud y belleza de su ciudad.

Subiendo las escaleras de la torre, el paisaje que tiene ante él desborda a su imaginación, detrás le protegen las montañas y en frente entre las calles de la ciudad puede distinguir la catedral, las cuevas del Sacromonte, las calles estrechas custodiadas de casas blancas de su barrio del Albaicín… el pequeño Hassan sueña despierto recreando las guerras que hicieron levantar semejante fortaleza, por las que sus antepasados fueron expulsados de tan bella ciudad. Hace más de quinientos años la sangre corría por esta ciudad como ahora lo hace por las tierras del sur del Líbano, por mucho que imagine este niño no podrá alcanzar a la crudeza de la realidad que sufren miles de niños como él bajo las bombas del ejército de Israel.

Las guerras, aún en la imaginación de un niño, causan estragos que la razón humana jamás será capaz de entender.

Un Tour cada día

1:39 p. m. / Publicadas por Sergio Malo / comentarios (2)


Alcanzar cualquier objetivo, lograr un sueño, terminar un proyecto siempre nos aporta una sensación de bienestar, nos sentimos realizados y orgullosos de haber superado uno y mil obstáculos que se nos puedan haber presentado en nuestro camino.

Viendo al ciclista español Oscar Pereiro subir "La Toussuire", recuerdas partes de tu vida como la de cualquier otra persona: momentos de llano en los que la rutina se apodera de la vida y no ves nunca el final de la desidia y el hastío que genera, ascensos a grandes cumbres en las cuales el paso está restringido para unos pocos privilegiados después de haber luchado codo con codo ayudándose unos a otros para vencer rampas inaccesibles dejando atrás a compañeros que no supieron resistir con la fuerza necesaria, bajadas de vértigo que algunos no saben trazar y llevar lo mejor posible para sacarle el máximo partido a la situación, atenazados por el miedo que se apodera de ellos al asomar el peligro en sus vidas…

Estos tipos de etapas se suceden unas a otras en una gran vuelta ciclista y lamentarse de haber tenido un día malo, una época mala, no sirve de nada. Por suerte o por desgracia no podemos volver atrás en el tiempo para subsanar nuestros errores pero sí podemos aprender de ellos, no olvidarlos y procurar que no vuelvan a ocurrir.

Siendo así debemos mirar al frente para fijar la meta en nuestra mente, empezar la etapa con compañeros en los que apoyarse para dividir el esfuerzo pero siempre con las ideas claras y sabiendo que la mayoría de ellos se quedarán por el camino, tú puedes ser uno de ellos, en nuestras manos está no serlo. Por muy fácil que parezca la empresa a conseguir, el camino puede volverse cuesta arriba y ver difícil su consecución, pero en esos momentos debes tener confianza en ti mismo, seguridad, firmeza y paciencia, seguir hacia delante y no descansar hasta conseguirlo, la otra opción es ser uno más del pelotón, esperando a que la suerte se fije en ti y te lleve hacia la victoria en alguna etapa…

Cualquier objetivo, meta o fin, por difícil y complicado que nos pueda parecer siempre oculta un camino a seguir para llegar hasta él, nada es imposible si con nuestro trabajo, esfuerzo, paciencia y convicción nos proponemos alcanzarlo.

“Ellos lo consiguieron porque no sabían que era imposible”

Enemigos de la libertad.

1:21 p. m. / Publicadas por Sergio Malo / comentarios (1)


No se ve el sol, las nubes lo encierran detrás de él, quizás este tiempo sea el que hizo 70 años atrás, los niños jugaban en las calles del Madrid castizo de aquellos años en los que la ilusión había llegado en forma de República.

De repente las noticias fluían por la capital, no a la misma velocidad ni por los mismos canales de nuestros tiempos, pero corrían como la pólvora que se iba a incendiar en aquellos días… Las calles se llenaron de hombres y mujeres, más politizados que hoy en día, agrupándose en las sedes de los sindicatos, de los partidos políticos, en cualquier lugar donde unirse a gente con una sola idea… parar a los sublevados, a los fascistas, a los enemigos de la libertad.

Estos grupos, sin armas, sin preparación, gente de la calle al fin y al cabo puso rumbo hacia el Cuartel de la Montaña donde se afanaban en resistir las tropas sublevadas que había en Madrid. A su alrededor comenzaban a crecer cadáveres, fruto de los continuos intentos de asalto… sangre derramada por un ideal, por la necesidad de luchar contra la desigualdad, gente desesperada rodeada de pobreza.

Este acuartelamiento fue vencido, se rindieron sus ocupantes ante la lucha del pueblo, ante el empuje de la libertad, el miedo de los madrileños había mejorado levemente vista la victoria conseguida en los primeros días de la sublevación ante militares, conservadores, falangistas y demás enemigos de la República, del progreso.

Madrid había evitado caer en las manos de los sublevados, aquellos que murieron fusilados por lo ocurrido, los odios florecían y manejaban a las personas para justificar todo tipo de actos. Llegados a este punto e inmersos en esta espiral de violencia, quién salvaría la vida del enemigo cuando la tuya está en peligro? Era el germen de una cruenta guerra civil.

Setenta años después no se ve correr a gente armada camino de Moncloa y de la sierra, para defendernos de los enemigos de la libertad, estos están entre nosotros y sus armas las llevan consigo: la mentira.

La mentira lleva 70 años con nosotros, impidiendo que se reconozca la verdad de aquella época dorada de nuestro país y el honor de las personas que la defendieron. Aún en nuestros días siguen sin reconocerse estos hechos por los hijos y discípulos de aquellos que prefirieron la muerte antes que la vida, aquellos que ahora utilizan la misma mentira para amedrentar y coaccionar a nuestros conciudadanos, inculcándoles la mentira como base para el odio, para volver a partirnos en dos.

NO PASARÁN NI HACE 70 AÑOS NI AHORA. VIVA LA REPUBLICA.

Here comes the summer ( y así se va)

11:26 a. m. / Publicadas por Sergio Malo / comentarios (3)


Como cada día, mis ojos terminan de abrirse cuando ven la luz a la salida del metro de Ciudad Universitaria.

Es una mañana soleada del mes de marzo, subiendo las escaleras entre cientos de universitarios de edades tempranas peleo con ellos por llegar cuanto antes a nuestro autobús, este nos lleva a realidades muy diferentes: la universidad, allá donde los estudiantes de las últimas generaciones queman una etapa de su vida que jamás olvidarán, y el trabajo, una etapa principal de nuestras vidas que jamás querremos recordar.

Desde pequeño he visto como se calentaba el asfalto bajo mis pies, en junio mi entorno se quedaba tan vacío como el invierno de las playas y pueblos donde mis amigos iban a descansar, siempre te quedaba la esperanza del cambio, de esperar algo mejor para ti en un futuro, pero mi futuro lo disfrutaba otra persona. Que puede escribir un niño sin vacaciones cuando los profesores le piden que hiciera una redacción sobre lo que ha hecho en el verano?

Pasaron los años, el instituto cerraba sus puertas para mí dejando apenas un par de veranos en los que disfrutar de la juventud, de la ingenuidad e inocencia… Sin terminar aún el mismo ciclo que mis compañeros, empezaba otro nuevo que finalizaría el día de mi jubilación, quedaban por delante 50 años de trabajos “forzados”. El punto de inflexión fueron aquellas palabras de una sabia persona: “Si quieres ir a la universidad, tendrás que trabajar para pagarte la matrícula”, sabía que no iba a poder ser, entonces para qué perder el tiempo?

Quedaban aún cuatro años para seguir creciendo sobre el asfalto caliente de la ciudad, viendo como aquellos compañeros se pasaban todo el año estudiando para disfrutar de sus vacaciones en el verano, yo también lo hacía… pero con un final diferente: yo estudiaba mientras trabajaba para seguir trabajando en mis vacaciones.